En medio de una discusión acalorada sobre
algunos temas filosóficos bastante fundamentales: el sentido del tiempo, la
vida después de la muerte, la existencia de Dios, etc. alguien afirmó “esto es
demasiado complicado, es mejor ser bruto y simplemente no pensar en estas
cosas. Se vive más tranquilo”.
Esa frase me recordaba a los agentes de
seguridad que están en los estadios de fútbol de espaldas al partido para poder
estar pendientes de lo que sucede en las gradas. Estos personajes le podrían
servir a Platón para escribir una versión moderna del mito de las cavernas. Son
gente que estando tan cerca de la realidad con toda su grandeza y belleza, solo
la perciben y disfrutan de un modo frío, distante y distorsionado.
Qué duda cabe que aquel defensor del no pensar
tiene algo de razón. Se puede vivir más tranquilo sin poner la cabeza en las
cuestiones difíciles de la existencia personal. Sin embargo, se paga un precio
muy alto. El precio de no gozar de la enorme alegría que da conseguir
respuestas a esas cuestiones. Descubrir para qué se está en la tierra, cuál es
el sentido del tiempo, cuál es el fundamento de la dignidad humana son
experiencias que producen profundas e inmensas alegrías pero que solo se
consiguen quemando un poco de neuronas.
Los agentes de seguridad del fútbol, seguro
viven una final de la Champions League, de una Copa Libertadores o de un
Mundial, bastante tranquilos. Sin embargo, no sabrán jamás lo que significa
saborear un gol en el minuto 93, que remonta un partido y otorga un campeonato.
No hay duda, están más tranquilos. Yo, por mi
parte, prefiero sufrir un poco y poder gritar gol.
P.D. Nunca he hablado con uno de los agentes de seguridad aquí mencionados. Seguramente tienen un trabajo muy duro. Sin embargo, creo que se entiende que su realidad me sirve analógicamente para lo que deseaba transmitir.