G.K. Chesterton y Frances, su esposa, la gran mujer sin la cual el escritor no hubiera llegado tan lejos. |
Acabo de terminar de leer la biografía sobre G.K. Chesterton de Luis Ignacio Seco. Entre las muchas ideas que estuvieron dando vueltas en mi cabeza durante la lectura del libro, quisiera compartir mis reflexiones sobre una de ellas: los continuos mensajes recibidos por Chesterton, luego de su conversión, recordándole que el Cristianismo era una ideología fracasada o en el mejor de los casos, superada. Por ejemplo, un amigo suyo le escribía “el mundo tuvo la oportunidad de hacerse cristiano y no volverá a tenerla”.
Yo por mi parte pienso, que ante planteamientos de esta naturaleza, conviene recordar que el Cristianismo no un es ideal para el mundo sino para personas concretas. El Cristianismo no es un modelo de organización social ni una filosofía política, es un ideal para conducir la propia vida. La meta no es que existan civilizaciones cristianas sino que existan civilizaciones de cristianos.
El ejemplo más
claro de esto, es la Encarnación del Hijo de Dios. Dios no diseñó una ciudad, con sus leyes y
modos de convivencia social y enunció que quien viviera allí, vivía en el Reino
de Dios. Dios no quizo presentar como modelo a seguir en el Cristianismo, a una civilización concreta, sino a una persona: Cristo.
Si una o muchas personas
rechazan vivir la fe es sin duda algo lamentable. Sin embargo, no supone un
fracaso para el Cristianismo. Es solo una consecuencia de uno de sus
postulados más bellos: el amor a la libertad. Por el contario, ese rechazo sí
supone una pérdida para la persona, puesto que ha despreciado la oportunidad de vivir acorde a su dignidad más alta, la de
Hijo de Dios.
Bajo esta
óptica, aunque toda una cultura se empeñe en vivir al margen del Cristianismo,
éste sigue triunfando. Lo hace en los corazones de las personas que deciden vivirlo y defenderlo. El Cristianismo nunca fracasa.
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