jueves, 23 de abril de 2020

La anatomía del amor


“El amor no pasará jamás”. ¿Sigue siendo válida esa afirmación? En muchos rincones la gente se hacía esa pregunta. La frase, sacada de una carta de Pablo de Tarso a los cristianos de la ciudad de Corinto, estaba por todos lados. El escenario era la reciente boda de una mis hermanas que fue ambientada alrededor de ese texto. En un mundo tan marcado por -en expresión de Bauman- el amor líquido, es decir uno definido por la inestabilidad de las relaciones interpersonales, la frase paulina no pasó desapercibida y fue frecuente tema de conversación entre los asistentes.
El amor es una palabra gigante con capacidad de albergar las definiciones más dispares. Hace algunos años leí que el egoísmo era la esencia del amor. Según ese texto, amar a alguien es disfrutar con lo que la otra persona es capaz de proveernos. Si por amor se entiende esto, claramente la frase de San Pablo es incorrecta. En este escenario, en cuanto el “amado” deja de ofrecer lo que apetece, el amor pasará.
Para que el amor se haga estable, y la afirmación de San Pablo siga vigente (como creo que lo es), tiene que significar algo más. Pienso, por ejemplo, en una mamá que prepara loncheras a las 6 a.m. para sus hijos (que de paso no lo agradecen); o, en una persona que lucha largos años por superar sus defectos pensando que así su cónyuge estará más contento; o, en alguien que interrumpe el trabajo para ayudar a un amigo que se ha accidentado. Todas estas acciones atestiguan la existencia del amor: por lo hijos, por el cónyuge, por el amigo. ¿Cómo pasan estas cosas? ¿Se hacen por pura satisfacción personal? Evidentemente que no. La vida concreta nos muestra que el amor auténtico lleva a pensar en el otro, en lo que le hace bien, lo que le hace feliz. Cuando es genuino, el amor es generoso. No se trata de lo que el otro produce en mí, sino de mi decisión de vivir para hacer al otro feliz. De este modo, sustraemos al amor de la volatilidad de las circunstancias y del capricho personal para ofrecerle la oportunidad de vivir en la estabilidad de una voluntad decidida. Cuando el amor se entiende así, se va haciendo más real afirmar que “no pasará jamás”.
Pero no es suficiente. Fallar en el deseo de hacer al otro feliz no es infrecuente. Tropiezos, errores, descontroles, pequeños y grandes, son continuos en quienes se aman. Y esas faltas, ¿no son pruebas de que se ha pasado el amor? Pienso que no. Quien aspira a amar sin fallar y sin que le fallen, necesita recordar que la naturaleza humana no es perfecta. Solo Dios es capaz de amar perfectamente. Entre los hombres, es de la esencia del amor hacerlo compatible con los defectos y los errores del otro. Más aún, es a través de esos defectos que puedo demostrar que quiero su bien, que quiero que los supere y sea mejor. En síntesis, que lo amo. Quien se equivoca mostrará su amor pidiendo perdón, mostrando su arrepentimiento a través del esfuerzo por enmendar el daño. Quién sufre la ofensa o el error, amará perdonando y apoyando al amado en su lucha por corregirse. En realidad, las miserias no se oponen al amor, más bien, son cauce de un amor que se manifiesta a través del perdón y la lucha por enmendarse. Cuando se vive así, todos los defectos y errores humanos, son incapaces de desmentir que “el amor no pasará jamás”.
Una última consideración. Si hemos afirmado que el amor auténtico es querer el bien del otro, mientras el otro exista, hay razón para amar. Es propio del amor que sea de por vida. Podríamos incluso invertir la frase paulina y afirmar “si pasa, no es amor” porque, ¿llamaríamos amor a quien quiere el bien de otro solo a plazos? No lo creo. Esta propiedad a temporal del amor la ha sintetizado bellamente Benedicto XVI cuando afirma que “la fidelidad a la largo del tiempo es el nombre del amor”.
Generosidad, perdón, lucha por enmendarse, perseverancia… son las palabras que conformar la anatomía del amor. Con ellas, “el amor no pasará jamás”. ¿Quién es capaz de amar así? ¿No es esto una utopía? Ciertamente es difícil. Pero contamos con una tradición milenaria de matrimonios, amigos, padres e hijos que nos demuestran que es posible. Contamos también con toda la ayuda de Dios (la ventaja de los creyentes es que lo saben y se apoyan en ella). Y, en fin, sabemos que el esfuerzo vale la pena. Ya le decía Keira Knightley a Will Smith, en Collateral Beauty, el amor es la única respuesta real al porqué de esta vida.
Mis padres, cada día me demuestran que estas ideas
son posibles




lunes, 13 de abril de 2020

Cuarentena para la libertad


event planning business planning- Designed by Freepik

En estos días tan… ¿Cómo lo diría? Difíciles…  tenemos la gran oportunidad de aprender a vivir con libertad. Así, como se oye, en medio del encierro y gracias a él, podemos ejercitarnos en ser más libres. No me refiero a la evidente consideración de que la falta de movimiento nos hace valorar más la vida ordinaria. Me refiero a otro asunto. Un asunto poco practicado en el siglo XXI y que la realidad de la cuarentena nos permite ejercitar con la garantía de que, si lo hacemos, gozaremos de grandes dosis de libertad. 
El ritmo habitual de vida, lleno de compromisos, imprevistos, distracciones, tráfico, etc. no permite pensar mucho en ordenar nuestros asuntos pendientes. En la práctica, vamos siendo gobernados por las circunstancias, resolviendo las cosas según van surgiendo. El criterio que gobierna nuestra vida es la urgencia, sin que nuestra voluntad tenga mucho que decir al respecto. Pocas veces son nuestras decisiones las que llevan las riendas de nuestro vivir. Es más frecuente que las circunstancias marquen el ritmo de nuestra existencia. Esto no suena mucho a libertad. Por el contrario, somos esclavos de lo urgente y de la prisa.
Autor de autoajuda Stephen Covey morre aos 79 anos - Livros - iG
Stephen Covey
Stephen Covey, conocido por su famoso libro Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, propone un método para la clasificación de las prioridades, considerando si son urgentes y/o importantes. De ese modo, existen asuntos: urgentes, pero no importantes; otros importantes, pero no urgentes; un tercer grupo de cosas, importantes y a la vez urgentes y, por último, los asuntos que no son ni urgentes, ni importantes. No me parece sorprendente – todos tenemos experiencia – la constatación que hace el autor de que, hoy en día, lo que habitualmente queda sin hacer es lo importante pero no urgente. Otra vez, somos esclavos de la prisa y la urgencia.

Ahora, ¡llegó la cuarentena!, “las circunstancias han cambiado tanto que he tenido que repensar mis prioridades y expectativas”. Son palabras de una amiga. Y en ese cambio está la oportunidad. La necesidad de quedarnos en casa, un ritmo relativamente más pausado y con menos compromisos, nos coloca en una posición con menos presiones y variables externas. Es el status quo ideal para retomar un poco el control de nuestras vidas. Podemos proponernos hacer cada mañana una lista de las cosas pendientes y clasificarlas según los criterios de urgencia e importancia que propone Covey.  Este ejercicio puede parecer complicado, pero Peter Bregman (CEO de Bregman Partners, firma de consultoría en liderazgo)    -por citar un ejemplo- afirma que no toma más de 18 minutos.
Al incorporar consideraciones relativas a la importancia de las cosas, vamos tomando control y aprendemos a funcionar pensando en lo que quiero, tengo y puedo hacer. Esto si suena a libertad. Y podemos aprenderlo encerrados por la cuarentena. Es una prueba más de que las dificultades nos pueden hacer crecer.

P.D: Otra idea que pueden ayudar a tomar control de la propia vida es obligarse a vivir un horario preestablecido con algunas cosas fijas. Por ejemplo: la hora de levantarse y acostarse, las comidas, un rato de ejercicio, etc.
P.D 2: También puede ser útil el artículo que publiqué hace unos años: "Guía práctica para el aprovechamiento del tiempo" (http://juanantoniobg.blogspot.com/2012/08/guia-practica-para-el-aprovechamiento.html)
P.D. 3: Recomiendo los dos libros citados en este artículo. A continuación los links donde pueden  comprarse en formato digital:


domingo, 22 de marzo de 2020

Aplausos que hablan: lecciones del sexting

Mi mamá y mis hermanas, ellas me han
enseñado cómo debe comportarse una mujer

Hace unos meses di unas conferencias sobre uso responsable de las redes sociales en un colegio. Lo he hecho muchas veces y siempre es un poco intimidante enfrentarse a un auditorio con cien adolescentes que viene a oírte hablar sobre ese tema. Pero la verdad es que fue una audiencia estupenda. Como se verá a continuación.
Entre los temas que abordo está el sexting. Una conducta que consiste en tener conversaciones sexuales por mensajes de texto. Estas conversaciones incluyen -como en cualquier otra- fotos, videos, audios, etc.  Las encuestas reflejan que el sexting es una realidad más que común en los adolescentes actuales y a la que se exponen con poco conocimiento de los riesgos. Suelo abordar este tema de modo distinto entre varones y muchachas y por eso, antes de empezar hago la aclaración de que voy a dirigirme por separado a cada grupo.
El argumento principal que los varones utilizan para comenzar estas conversaciones sexuales es presentarlas como una manifestación de confianza y cariño: “Si me quieres, cuéntame esto…”, “Si confías en mí, envíame una foto desnuda…”, “Si no me hablas de tal tema, es que no me valoras”, etc. Es una manipulación, que, acompañada de la insistencia, lamentablemente surte efecto en no pocas ocasiones.
Por eso, cuando en la conferencia mencionada, empecé a hablar a los varones, abordé esa estrategia directamente. Intenté hacer lo que siempre intento, apelar a la conciencia de mis oyentes, para ayudarlos a reconocer ante sí mismos que lo que subyace en esos comentarios tiene poco de amor, y mucho de lujuria. En inglés, las palabras facilitan la explicación porque son similares: its not love, but lust.  Procuré hacerles pensar que quienes manipulan son cobardes, personas que no saben vivir con la verdad. Dije además, que deben ser conscientes de que las muchachas sufren mucho con esta manipulación y presión. A algunas las lleva a hacer cosas de las que luego están profundamente arrepentidas. Un verdadero hombre – concluí - no manipula a las mujeres. Al contrario, es capaz de respetar su intimidad para demostrarle que la valora por mucho más que su cuerpo. Apenas terminé de decir estas palabras, todas las mujeres del auditorio estallaron en un sonoro aplauso.
Sonreí y noté claramente que había logrado llegar a la audiencia. Luego continué hablando a las mujeres. Les pedí perdón por las veces que los hombres hemos sido cobardes y abusadores. Y les sugerí que ellas también tenían un arma muy fuerte para evitar la presión y la manipulación masculina. Es un arma relativamente sencilla y consiste simplemente en no provocar al varón. Les expliqué que, a diferencia de las mujeres, los hombres son especialmente susceptibles a la estimulación sexual a través de la vista.  Por lo tanto, que si ellas libremente se exponen en las redes sociales con fotos, videos o comentarios excesivamente provocativos es como si dijeran al varón “aquí estoy para ser manipulada”. Por el contrario, he oído a varones decir “por las fotos que postea, no te metas con ella, se va a dar a respetar”. Por lo tanto -dije para terminar-, los varones deben ser más educados, y, ustedes las muchachas, deben intentar no provocarlos. De esa manera, los ayudan a ellos y les aseguro, que ustedes mismas se ahorrarán mucha presión. No me lo esperaba, pero todos los varones del auditorio empezaron a aplaudir.
Para mi fue imposible no pensar que, en ese salón, lejos de todos los debates ideológicos, surgió espontáneamente el deseo del hombre y de la mujer de respetar y ser respetadas. Y se puso también en evidencia que todos sentimos que crear una sociedad sin agresión y abuso sexual, donde se respete la dignidad del hombre y de la mujer, es un trabajo en equipo. Ambos, ellos y ellas, tienen algo que aportar.

lunes, 2 de marzo de 2020

Destapando los secretos del mundo.



Cuando alguna vez recomendé a un adolescente que empezara a leer un libro, me preguntó por dónde empezaba. Por el principio, le contesté. Pero, ¿cuál principio? Fue su respuesta. Tomé el libro que le había sugerido y lo abrí para mostrarle la obviedad de que el principio es la primera página. Inmediatamente me di cuenta de la razón de la pregunta. El libro tenía, antes del primer capítulo, una nota del editor, una reseña biográfica del autor, el prólogo y solo después, venía el primer capítulo. Le expliqué lo que significaba cada cosa, le resolví las dudas y con ello, se animó a leer.  
La experiencia me sirvió para comprender qué importante es ayudar a superar las dificultades que enfrenta quien desea desarrollar el hábito de lectura. En su momento pensé escribir un artículo al respecto, pero no lo hice. Por razón de los comentarios que he recibido sobre mi artículo anterior, ahora retomo esa idea. Deseo ofrecer alguna respuesta a la pregunta ¿para qué leer?
En mi último artículo, afirmé que “la mediación cultural exige un compromiso de estudio serio que, a la luz de un profundo respeto por los derechos y la dignidad de la persona humana, nos permita descubrir qué se debe conservar y qué se debe cambiar, para que realmente construyamos una sociedad más justa”. Esa frase plantea preguntas complejas y desafiantes. Por ejemplo: ¿en qué consiste la dignidad de la persona humana? ¿cuál es el fundamento de esa dignidad? ¿cuáles son los derechos que se derivan de ella? ¿Qué hace exactamente a una sociedad más justa? ¿Qué cambios sociales han hecho avanzar a una sociedad? ¿Cuáles le han hecho retroceder? ¿Qué significa exactamente avanzar o retroceder cuando se habla de la persona humana?
Intentar contestar esas preguntas fundamentados únicamente en reflexiones personales hechas sobre experiencias personales ofrecería respuestas pobres y limitadas. La reflexión y la experiencia de alguien, por más amplia que sea, es siempre minúscula en relación a toda la historia humana. Además, sería superficial ignorar que llevamos siglos buscando respuestas a esas preguntas, el patrimonio cultural que ha producido ese esfuerzo es inmenso.
La puerta de entrada a ese patrimonio es la lectura. A través de ella, desde cualquier habitación del mundo, podemos viajar en el tiempo para conocer, desde dentro, las historias y las ideas que han ido dando forma a la humanidad. Además, la lectura por su naturaleza exige tiempo y concentración, dos realidades indispensables para el desarrollo del pensamiento. Este esfuerzo por leer, que llega convertirse en auténtico placer, es parte del compromiso de estudio serio que planteé como condición de una eficaz mediación cultural. Es un requisito que hace posible ir perfilando lo que nos define como seres humanos y ofrecer auténticas soluciones de progreso social.
En palabras de Miriam Bethencourt, una autora en ascenso, “reading unlocks the secrets of the world so that I can become a better part of it(La lectura destapa los secretos del mundo para que cada uno pueda ser mejor dentro de él).

Sugerencias para desarrollar un hábito de lectura:
  1.  Comenzar por leer libros de interés personal. No solamente porque alguien los recomienda. Si al lector no le interesa el tema difícilmente disfrutará la lectura.
  2. Recomiendo https://www.delibris.org/. En esa web pueden encontrar libros de calidad ordenados por temas. Se pueden encontrar todo género de textos.  También estas dos cuentas de Instagram sugieren textos de literatura de calidad (no ensayos, ni reportajes, etc.): @noencuentrolibros @somosbooktubers
  3. Si eres una persona más auditiva, aprovecha los Audiobooks. Hay bibliotecas digitales con muchos asudiolibros gratis porque no tienen derechos de autor. Por ejemplo: https://librivox.org/
  4. Leer todos los días. Al menos un párrafo.
  5. No tener prisa por acabar libros. El fin de la lectura es enriquecerse con ellos, no terminarlos a toda velocidad.
  6. No extrañarse de que cueste. La lectura es un hábito. Y como todos los hábitos valiosos, son exigentes.


domingo, 19 de enero de 2020

Guerra Cultural

Image result for open mind

Conservadores y progresistas son dos etiquetas con las que la opinión pública y otras personas engloban dos visiones del mundo. No me considero parte de ninguno de estos grupos.
Algunos conservadores parecen olvidar que la sociedad requiere cambiar para perfeccionarse. Pretender su avance a fuerza de negar toda novedad y abogar por la tradición como garantía absoluta de un recto orden social es un absurdo. A su vez, algunos de los llamados progresistas parecen querer hacer de la ruptura con la tradición un criterio ético. “Si es nuevo, es bueno” parecen afirmar. Olvidan que la novedad es una referencia temporal, no ética. De lo contrario, las obras de Beethoven, Da Vinci u Homero serían de poco valor por ser antiguas. 
Es fácil percibir como ambas posturas parecen irreconciliables y nos llevan a una discusión inacabable donde habitualmente acaba imponiéndose, no la razón, ni la verdad sino la ley del más fuerte. Si deseamos terminar con esta lógica, que no es beneficiosa para nadie, es necesario encontrar puntos de encuentro. Lograr un camino de, como lo han llamado algunos, mediación cultural.
Un proceso maduro y serio de mediación cultural implica superar la discusión estéril, el ruido mediático y una visión preconcebida de la realidad. Hace necesario reconocer que la sociedad está llamada a ser cada vez mejor y para ello debe cambiar. También exige aceptar que la experiencia acumulada a través de siglos de historia tiene mucho que aportar en ese cambio. En conclusión, la mediación cultural exige un compromiso de estudio serio que, a la luz de un profundo respeto por los derechos y la dignidad de la persona humana, nos permita descubrir qué se debe conservar y qué se debe cambiar, para que realmente construyamos una sociedad más justa. Esto es lo que realmente supone ser, mentalidad abierta u "open minded".  
Este esfuerzo de superar la superficialidad de las etiquetas y entrar en la búsqueda del auténtico bien de la persona y por lo tanto de una comunidad, no solo debe darse entre la clase política y la académica, sino entre la gente común quienes muchas veces son los auténticos motores de la historia.

domingo, 24 de noviembre de 2019

No pensar para ser feliz


En medio de una discusión acalorada sobre algunos temas filosóficos bastante fundamentales: el sentido del tiempo, la vida después de la muerte, la existencia de Dios, etc. alguien afirmó “esto es demasiado complicado, es mejor ser bruto y simplemente no pensar en estas cosas. Se vive más tranquilo”. 
Esa frase me recordaba a los agentes de seguridad que están en los estadios de fútbol de espaldas al partido para poder estar pendientes de lo que sucede en las gradas. Estos personajes le podrían servir a Platón para escribir una versión moderna del mito de las cavernas. Son gente que estando tan cerca de la realidad con toda su grandeza y belleza, solo la perciben y disfrutan de un modo frío, distante y distorsionado.
Qué duda cabe que aquel defensor del no pensar tiene algo de razón. Se puede vivir más tranquilo sin poner la cabeza en las cuestiones difíciles de la existencia personal. Sin embargo, se paga un precio muy alto. El precio de no gozar de la enorme alegría que da conseguir respuestas a esas cuestiones. Descubrir para qué se está en la tierra, cuál es el sentido del tiempo, cuál es el fundamento de la dignidad humana son experiencias que producen profundas e inmensas alegrías pero que solo se consiguen quemando un poco de neuronas.
Los agentes de seguridad del fútbol, seguro viven una final de la Champions League, de una Copa Libertadores o de un Mundial, bastante tranquilos. Sin embargo, no sabrán jamás lo que significa saborear un gol en el minuto 93, que remonta un partido y otorga un campeonato.
No hay duda, están más tranquilos. Yo, por mi parte, prefiero sufrir un poco y poder gritar gol.
P.D. Nunca he hablado con uno de los agentes de seguridad aquí mencionados. Seguramente tienen un trabajo muy duro. Sin embargo, creo que se entiende que su realidad me sirve analógicamente para lo que deseaba transmitir. 

domingo, 31 de marzo de 2019

Preguntas de Felicidad

Related image

Mi oficina es un lugar pequeño donde han tenido lugar grandes conversaciones, de esas que se disfruta recordar. Muchas han inspirado artículos de este blog. Como es el caso del que escribo en este momento.
Hablando de no recuerdo qué, un amigo me dijo -en inglés – happiness, it´s the journey, not the destination (la felicidad… está en la travesía, no en la meta). Venía a decir con esto, que le daba más o menos igual definir metas en su vida porque la felicidad era, sobre todo, disfrutar el momento presente. La frase quedó resonando en mi cabeza. Algo no cuadraba, al menos, en la interpretación que mi amigo quiso darle.
Estamos de acuerdo en que nuestra vida es una travesía, pero hay muchas posibles. ¿Cuál escoger? Eso solo se sabe si se conoce a dónde se quiere llegar. Sin metas, la travesía de la vida se convierte en un viaje hacia un destino incierto, con miedo -más o menos explícito- de acabar en algún sitio indeseado. ¿Puede ser esto felicidad? Es necesario descubrir que las metas de la vida no son solo planteamientos de futuro, lugares de llegada, son el criterio orientador del presente. Es el faro que dirige la travesía.
Cuando las metas orientan y dirigen la travesía, esta se convierte en instrumento de su realización. Es decir, las metas se van haciendo realidad a lo largo de la travesía. He aquí su potencial de felicidad.  Vamos encontrando la felicidad en la medida que la travesía nos va llevando a donde queremos ir.
Travesía y Meta, decisiones indispensables para la felicidad. Para definirlas, podrían servir las siguientes preguntas: ¿Qué quiero hacer? y ¿Quién quiero ser?
La primera construye el journey, la travesía. La tenemos que contestar muchísimas veces al día. Y, precisamente por eso, es la que nos resulta más familiar. La segunda, ¿Quién quiero ser? Es la que nos permite escoger nuestra meta, el destination. Es una pregunta difícil porque no responde a lo inmediato. Está planteada en la perspectiva del largo plazo. Supone una decisión sobre la existencia personal en su conjunto y por ello, requiere reflexión ponderada, pausada y también, consejo. Quizá por estas razones, con mucha frecuencia queda olvidada. Sin embargo, solo cuándo se tiene clara esta respuesta, me atrevo a decir, ¡buen viaje!

domingo, 13 de enero de 2019

La superación de la razón

Decía Pascal: el corazón tiene razones que la razón no entiende.
Image result for blas pascal
Blaise Pascal
Desde muy niño he escuchado las críticas a mis padres por tener muchos hijos (tuvieron 9). Los argumentos que escuchaba me resultaban razonables, y, sin embargo, vivíamos tan felices que al mismo tiempo me sonaban ilógicos. Por ello, pasados los años, cuando leí o escuché la frase de Pascal quedé cautivado por ella. Veía expresada de un modo muy bello, aquello que desde niño intuía: la vida es el resultado de decisiones que se toman con la cabeza pero también con el corazón.  
Estoy convencido de que dar espacio al corazón es el camino para llenar la vida de emoción y aventura. Los racionalistas son aburridos y poco originales. No digo que haya que contradecir la razón pero si complementarla con las aportaciones de un corazón recto.
El corazón es una potencia del hombre que responde a la llamada de un bien sensible. Por un lado, está la llamada del amor. Por otro, la llamada de nuestras pasiones. El bien sensible que busca el amor es la felicidad de lo amado. Las pasiones buscan el bien en la satisfacción de los gustos personales.
Cuando la razón es habitualmente superada por un corazón que responde al llamado de las pasiones, el hombre se busca así mismo, su mundo es su propia persona y, por consiguiente, se cierra a lo distinto. Con el tiempo, un corazón que solo funciona así, acaba convirtiendo a su dueño en un auténtico egoísta. En alguien que juzga que el universo existe para complacerlo a él. Algo muy característico del relativismo moderno. 
Por otro lado, cuando la razón es superada por un corazón que responde al amor, el hombre sale de sí mismo, vive para causas o personas que lo trascienden y se engrandece. Es feliz haciendo felices a los demás. Bien reflejada queda esta actitud, en unas palabras que escuché del fallecido senador americano John McCain: “Nada en la vida es más liberador que luchar por una causa más grande que uno mismo, algo que te engloba pero que no está definido solo por tu propia existencia”.
Deseo para todos que el 2019 sirva para que aprendamos a escuchar y obedecer esta llamada del corazón al amor. Ampliará el horizonte de nuestra razón y llevará nuestra vida por aventuras emocionantes, valiosas y que harán a mucha gente feliz. Como la que han tenido mis padres con sus nueve hijos. 

domingo, 28 de octubre de 2018

La Sonrisa de Dios.

Iba caminando con dos de mis hermanas por las calles de Pamplona, una bella y acogedora ciudad en el norte de España. Entramos en una pequeña Iglesia.  Rezamos brevemente y al salir, una de mis hermanas -tiene 17 años- me pregunta ¿Por qué crees que en las Iglesias la mayoría evidente de la gente, es gente mayor?
En realidad, latía en el fondo de esa pregunta (como se demostró con el desarrollo de la conversación),  otra inquietud: ¿Qué se puede hacer para que también los jóvenes se acerquen a Dios?
Ante esa pregunta, propongo lo siguiente: entre los creyentes tiene que ser más notable la alegría de vivir cerca de Dios. Y para ello, un posible camino, es leer el Evangelio y descubrir ahí la sonrisa de Cristo.
De la vida de Cristo sabemos que lloró amargamente por Lázaro, que se compadeció de ella al ver a la muchedumbre, que lo miró y lo llamó hablando de Mateo, que enseñaba a todas las gentes, etc. Pero siempre he extrañado que en la Sagrada Escritura no se dijera en ningún momento que Jesucristo sonrió. Sin embargo, no puedo imaginar que una persona amargada, con mala cara y gruñona fuera tan atractiva a la sociedad de su época. Cuentan los Evangelios que lo seguían miles y es también conocido que tenía muchos amigos: Marta, María, Lázaro, los Apóstoles, Nicodemo, entre otros. Jesús de Nazaret, estoy seguro, era una persona simpatiquísima. Por eso, pienso que el vacío evangélico sobre la sonrisa de Cristo es la consecuencia lógica de que su sonrisa era su actitud habitual. Y sucede, lo que sucede con casi cualquier cosa que supone lo normal: pasa desapercibida.

Si leemos el Evangelio con atención, con deseos de descubrir al Cristo sonriente, lo encontraremos. Y será entonces más fácil vivir con esa alegría irresistible que contagian los santos. Seremos capaces de atraer a toda esa juventud, que en el fondo de su alma solo desean encontrarse con ese Dios, que los quiere muchísimo y los espera sonriendo.

jueves, 4 de octubre de 2018

¿Qué sería sin ustedes?

En la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra

La Via Appia, el Coliseo, la plaza San Pedro, el Guggenheim Museum de Bilbao, San Mamés, la Universidad de Navarra, el Colegio Gaztelueta, el Santiago Bernabéu. Roma, Bilbao, Pamplona, Madrid. Avión, tren, autobús y metro. Todo esto en dos semanas. Y luego, caer en la cuenta de que todo hubiera sido muy poco si no es por la gente con la que lo compartí.

Recorriendo la Via Appia
Cada lugar cobraba especial sentido, sobre todo, por quien me acompañaba. En el momento que me encontraba solo, la grandeza histórica, artística, arquitectónica del lugar parecía disminuir.
Me hizo recordar lo obvio: son las personas las que dan verdadero relieve a las circunstancias de nuestra vida. Y mientras más cariño sentimos por ellas, ese relieve tiene mayor riqueza.

En la Ría de Bilbao
Esta verdad encierra una poderosa fuerza: la de convertir cada circunstancia en una ocasión especial. Basta reconocer en nuestra familia y amigos, lo que realmente hace la vida emocionante. Dará mas o menos igual, si estamos con ellos viendo un cuadro de Picasso o tomando café en el comedor de la casa. Lo realmente significativo es que estamos juntos.

Ruth, Carlos, José, Mariana, Miriam, Álvaro. Fernando, Luis, Ramón, Carlos. José Gabriel, Luis, Pablo, Javier y Miguel. ¿Qué hubieran sido estos días sin ustedes? ¡Gracias!

domingo, 22 de abril de 2018

Preguntas Difíciles

- Mami, ¿si santa es tan gordo cómo cabe por la chimenea? Y, si esta casa es tan alta ¿cómo es que logra bajar sin darse un golpe cuando cae? Si no sabes, yo se lo voy a preguntar, esta noche me voy a quedar despierto para conocerlo.

- No –contesta la mamá- no puedes porque hay que irse a dormir.

- Pero, ¿por qué no puedo quedarme despierto para saludarlo? Seguro se alegra de verme.

     Y otro día:

- Hijo, vamos a hablarle a Papá Dios que está en tu corazón.

- Pero mami, ¿porqué no sale de ahí y así es más fácil hablar con Él? Si lo viera, es más fácil. ¿Por qué Dios no se deja ver? Yo lo quiero ver.

Y así, continúa la historia de un niño preguntón y una madre que no sabe cómo contestar.

Y es que muchas de estas preguntas solo tienen una respuesta: no sé. Pero los adultos solemos tener miedo a decir no sé. Nos hace sentir débiles, inseguros. Fuera de control. Antes de decir que no sabemos, lanzamos cualquier teoría. Pero...  ¡Es tan evidente que la realidad supera lo que somos capaces de explicar!

Superar la tentación de ser sabelotodo y decir no sé, llena de alegría. Primero, porque abre las puertas a la novedad y permite que el mundo nos sorprenda. Solo es nuevo y sorprendente lo que antes desconocíamos. Y segundo, porque solo quién reconoce que no sabe, busca saber y disfruta del gozo de aprender.

domingo, 11 de marzo de 2018

Honey Mustard (English Version)


Due to the success of the article in Spanish (it is by far the most commented and one of the top 5 read stories of my blog), a very kind reader offered to translate it so it could be read in English. Here it goes:


Related imageIt was one of those conversations that you fondly remember. The moment facilitated a serene dialogue, the place offered a cozy setting and the subject of conversation was interesting. The speaker was telling me that he was in search of the women of his life. And he wished to find one who was compatible with him. His problem up to that point was finding someone who would second his tastes, hobbies, and lifestyles.


A phrase of Chesterton came to my mind which with his usual irony, he emphasized: “if all the married couples could get divorced for being incompatible, I don’t understand why all of them haven’t gotten divorced.” Because it’s evident, nature imposes it, a man and a woman are simply non-compatible.

Human relationships are like good sauces, they are made with many ingredients that together are a lot more valuable than when considered individually. The important thing is not that the ingredients are compatible but that they complement each other. That the good things of one person may not dim or cover the good things of the other. On the contrary, that they may be able to make them disappear or at least, make them imperceptible. The real richness of a human relation is not in its compatibility but
rather in its complementarity. That together they may be more than being alone. That’s how to make the famous sauce known as honey-mustard. Honey is more compatible with sugar but only when it’s willing to join with something different, something new occurs.

And following this reasoning, I ended up giving this advice to my friend: Don’t aspire for compatibility. Soon it will bore you. Instead, learn to enrich yourself with the differences of others. That way you will not only find the woman of your life but you will know to love her to the end.

lunes, 23 de octubre de 2017

Honey Mustard


Related image
Era una de esas conversaciones que se recuerdan con agrado. El momento facilitaba un diálogo sereno, el lugar le proporcionaba un escenario acogedor y el tema de conversación era interesante. Mi interlocutor me decía que estaba en la búsqueda de la mujer de su vida. Y deseaba conseguir una que fuera compatible con el. Su problema hasta el momento era encontrar a alguien que secundara sus gustos, aficiones y estilos de vida.

Me vino a la cabeza una frase de Chesterton que con su habitual ironía puntualizaba: “si los casados pudieran divorciarse por ser incompatibles, no entiendo porque no se han divorciado todos”. Porque es evidente, la naturaleza lo impone, un hombre y una mujer no son compatibles.

Las relaciones humanas como las buenas salsas, están hechas de muchos ingredientes que en su conjunto son mucho más valiosos que individualmente considerados. Lo importante no es que los ingredientes sean compatibles sino que se complementen. Que las cosas buenas de uno no desluzcan las del otro. Por el contrario, que sean capaces de hacerlas desparecer o al menos, hacerlas imperceptibles. La verdadera riqueza de una relación humana no está en su compatibilidad, sino en su complementaridad. Que juntos son más que estando solos.

Es así como se hace la famosísima salsa conocida como honey-mustard. La miel es más compatible con el azúcar pero solo cuando está dispuesta a juntarse con algo distinto, surge algo nuevo. 

Y siguiendo estos razonamientos, acabé dándole este consejo a mi amigo: No aspires a la compatibilidad. Pronto te aburrirá. Aprende más bien a enriquecerte con lo distinto que tienen los demás. Así no solo encontrarás la mujer de tu vida sino que la sabrás amar hasta el final. 

domingo, 17 de septiembre de 2017

En defensa de los políticos

En los últmos años he tenido la posibilidad de conversar con personas de muchos países. Hay una cosa en común: el desencanto con la clase política que dirige su país. No importa de donde venga, su edad o sexo, era casi universal el sentimiento de que los políticos le han fallado. 

¿Cómo es esto posible? ¿Realmente los políticos del mundo son unos corruptos y egoistas? ¿No hay politícos capaces de trabajar bien? 

Image result for mafalda y politica
Las doctrinas políticas sobre el contrato social establecen que el pueblo delega a través del voto el poder de gobernar la ciudad.  Pero en muchas democracias modernas, el tono de protesta del ciudadano común es de quien espera todo del gobierno y siente que cumple con su deber yendo a votar en el período establecido. En realidad no delegamos el gobierno, sino que nos desentedemos de él.  Esto es claramente un error porque la construcción del bien común es una resposabilidad tan de los políticos como de los demás ciudadanos. 

Por eso, me atrevo a afirmar que el descontento colectivo con la clase política es, en muchos casos, consecuencia de haber dejado de hacer lo que como ciudadanos nos corresponde y pretender que lo resuelva el gobierno. 

Aceptar esta realidad es difícil pero sin duda más provechoso para la sociedad. Nos impide echarle la culpa al gobierno de nuestros males sociales. Nos hace enfrentarnos con la realidad de que la injusticia social, la pobreza, la falta de acceso a la educación, la inseguridad, el desempleo, etc. no son solo problemas para el gobierno, sino problemas de los que cada uno es responsable.

Con esto no quiero decir que no haya casos de corrupción o abusos en la clase política. De hecho, en algunos países, como Venezuela, la violación reiterada de los derechos humanos hace imposible vivir el principio de subsidariedad porque los ciudadabos viven oprimidos en sus derechos más elementales. Sin embargo, si estoy convencido de que el ciudadano de a pie debe hacer más por su país y esperar menos del gobierno. Quizá esto se puede resumir en la conocida frase de John F. Kennedy “ask not what your country can do for you—ask what you can do for your country”.

Si nos hacemos y contestamos esa pregunta, nos quejaremos menos, veremos el futuro de nuestras sociedades con una óptica más optimista, nos sentiremos protagonistas de la construcción de un mundo mejor y en consecuencia, aportaremos a que sea una realidad. 

domingo, 25 de junio de 2017

La Revolución del Cariño

Mis sobrinos: Ignacio y Francisco.
¿tu verdad?, ¿mi verdad? ¡No!; la verdad. Ven conmigo a buscarla.

Con esas palabras me retó, en su discurso de graduación, un buen amigo de la secundaria. He aceptado su reto, y en todos estos años he mantenido esa búsqueda.  Me ha ayudado seguir el consejo de Chesterton, un pensador inglés: hay que tener siempre una mente abierta, pero cerrarla cuando se consigue algo valioso, no vaya a ser que por tenerla siempre abierta se nos caiga el cerebro.

Así, poco a poco he ido formando mis convicciones y encontrándome con la verdad, aunque sea parcialmente. También he procurado compartirla porque no quiero retenerla egoístamente, sino hacer a otros disfrutar de la alegría de encontrarla.

Lamentablemente, esto no siempre ha sido un proceso fácil. En el mundo de hoy defender o promover las propias convicciones resulta peligroso. Hablar de la verdad es considerado antidemocrático o intolerante. Por ello, empecé a pensar cómo se podían promover las propias convicciones sin que nadie sienta amenazada su libertad de pensamiento.

He llegado a la conclusión de que es necesario trabajar menos con los argumentos y esforzarse más en que los interlocutores se sientan queridos. La fuerza persuasiva de la verdad, no está tanto en su lógica intrínseca, sino en el cariño con que se transmite.

En el momento que una persona escucha algo y percibe que se le dice con cariño, se produce una transformación. Ya no se trata de quién tiene la razón, sino de cuál es la realidad de las cosas. De encontrar la verdad.

Quizá por eso los consejos de una madre son tan influyentes.  Posiblemente no están llenos de argumentos imbatibles pero, ¿quién puede resistirse a esas indicaciones maternales, acompañadas de una mirada y un tono que parecen la materialización del cariño?

domingo, 30 de abril de 2017

Inocente soy




Todos tenemos la imperiosa necesidad de estar en paz con nuestra conciencia. Por eso, me atrevo a afirmar que, en mil formulaciones distintas, cada ser humano se pregunta a sí mismo con cierta frecuencia ¿yo soy buena persona? 

Sobre la respuesta a esa pregunta versa esta reflexión. Diría que tiene su orgien (la reflexión) en la impresión que me causan las declaraciones de Poncio Pilatos en el pseudo juicio que le hizo a Jesús de Nazaret. Para eximirse de responsabilidad, declara: inocente soy de la sangre de este justo, vosotros veréis. Luego, se lava las manos. Y con eso, al menos ante su conciencia, parece haber resuelto el problema. Horas después se produce un homicidio que él pudo haber evitado. Es un ejemplo de la tragedia que suponen las faltas de omisión. 

Poder afirmar "yo no le hago daño a nadie" parece haberse convertido en la aspiración moral más elevada del hombre moderno.  Una nueva ética se ha instaurado en el mundo: ser bueno no consiste en hacer el bien, sino en no hacer el mal. Expresiones que evidentemente no son sinónimas. 

Bajo esta nueva ética el mundo se ha empobrecido. Dejamos de sentirnos responsables de la superación personal de quienes nos rodean. Abandonamos a su suerte a cada hombre, olvidando que solo con el apoyo de otros el ser humano puede mejorar. Y lo que es peor, vivimos con la conciencia adormecida, ciegos ante el sufrimiento de tantos, porque pensamos que como no somos los causantes de un mal, estamos eximidos de hacer algo por remediarlo. 

Tenemos que recuperar la conciencia de que el hombre bueno evita el mal pero también procura el bien. Y no solo el propio sino el de los demás. De este modo vamos humanizando este mundo nuestro que sufre tantas heridas, agravadas muchas veces por la indiferencia de los que se creen buenos. Nadie puede contentarse y sentirse satisfecho porque "no le hace mal a nadie". Esto es algo, pero muy poco. Quizá podría afirmarse que es la ética en su versión más primitiva.

Puede ayudar que cada día antes de dormir nos preguntáramos: ¿qué bien hice hoy por los demás? ¿que situación difícil ayudé a superar? 


jueves, 2 de marzo de 2017

Lecciones de unos bebés simpáticos

Mis sobrinos en un paseo
Este fin de semana, fui a dar unas conferencias en Washington D.C. y pude compartir con unos sobrinos que todavía no conocía. Son Francisco, Ignacio, Isa y Xavier que tienen 4, 3, 1 año respectivamente. El pequeñín tiene 8 meses. Todos encantadores, y esto es objetivo, no es porque sea su tío. 

Cuando los bebés lloran, suele ser por una razón. Tienen hambre, sed, sueño, les duele la cabeza o tienen el pañal sucio... Y a atender sus necesidades acude presuroso su mamá o su papá. Esta escena la vi repetirse durante los últimos días y me hizo pensar en que quizá los adultos debemos llorar más. 

Las lágrimas son la expresión externa de una necesidad. Y mostrándolas podemos poner a los demás en conocimiento de nuestras dificultades. El mundo de hoy parece analtecer al adulto autosuficiente, que no necesita nada de nadie. Pedir ayuda es casi sinónimo de debilidad. El resultado es que sufrimos solos y por demás. 

Los bebés se revelan ante esta actitud y lloran sin verguenza, pidiendo -sin palabras- que alguien los oiga. 

Quizá en eso, muchos adultos podríamos imitar a los niños. Todos necesitamos un paño de lágrimas. Hay que conseguirlo y con él, con ella, llorar sin miedo. Si lo hacemos así, las lágrimas serán momentáneas porque encontraremos apoyo y como los bebés, pasaremos pronto del llanto a la sonrisa.




domingo, 5 de febrero de 2017

El valor de la realidad: inspirado en un comunista y su bicicleta.

Dicen que a un aspirante a ser directivo del Partido Comunista le hicieron este examen:
¿Si usted fuera dueño de una finca la entregaría a los trabajadores? ¡Si claro!, contestó el aspirante.
Y si usted poseyera un carro, ¿lo entregaría al Partido para el uso de todos los camaradas? ¡Por supuesto!, siguió respondiendo.
Y, si tuviera una bicicleta, ¿la daría al Partido? No, -reconoció el interesado- la bicicleta no porque la bicicleta si la tengo.
Al oír la historia, primero, me reí y luego me hizo pensar. ¡Qué diferencia cuando los planteamientos dejan de ser teóricos y nos afectan en lo concreto! Me pregunto, ¿Por qué?, porque solo en lo concreto puede captarse el auténtico valor de las cosas y situaciones de nuestra vida.
La definición de un beso, quizá alimenta la curiosidad pero poco más; la enfermedad explicada en un libro, acaso despierta alguna vocación de médico. Pero, el beso de una madre nos explica que significa sentirse querido, y la enfermedad de un hijo qué significa sufrir.  En la realidad, en lo concreto es donde somos capaces de captar, si se me permite la expresión,  la vitalidad de la vida, su fuerza interna, aquello que la hace atractiva.
Pienso que esto fue lo que quizo decirnos John Lennon con su conocida frase “la vida es aquello que te pasa mientras estas ocupado haciendo otros planes”. Quizá ese gran artista, se caería de espanto al ver las horas infinitas que estamos frente a las pantallas, mientras nuestro mundo pasa, y con él tanta belleza. No permitamos que esto suceda. Salgamos al encuentro de ese mundo nuestro, y descubramos la infinita riqueza que encierra en cada detalle, en cada mirada,  en cada conversación…  Esta experiencia es para mí una definición del verbo vivir.

domingo, 29 de enero de 2017

Dialogar o Discutir

Related image


En el mundo de hoy se habla mucho de diálogo. No solo entre grandes actores políticos sino a todos los niveles. Profesores, conferenciantes y empresarios resaltan la necesidad del diálogo como motor para resolver los conflictos. Sin embargo, mi impresión es que se dialoga poco y se discute mucho. ¿Cuál es la diferencia?

Para que haya diálogo un punto de partida es la humildad de quienes dialogan.  Cuando existe esta virtud, las partes llegan a la conversación con la disposición de conocer y buscar la verdad. Se intenta – con sinceridad- comprender todos los puntos de vista y ponerlos en juego. Quien discute, por el contario, suele llegar con algunas ideas preconcebidas que intentar imponer a los demás. En realidad, no quiere hablar, quiere que le escuchen.

Cuando hay diálogo, se distingue entre los argumentos y la persona que los expone. Una vez un buen amigo me dijo: “yo no tengo que respetar tus argumentos, yo te respeto a ti, pero si tu argumento me parece inválido, te lo diré”. Pienso que tiene razón. Una persona susceptible, que en todo disenso ve una ataque personal jamás podrá dialogar. Distinguir entre la persona y sus argumentos es difícil pero indispensable para una conversación fructífera.

Pienso que si el diálogo, a todo nivel, tiene las características mencionadas, será un vehículo útil para la transformación social. De lo contrario, nos desgataremos discutiendo.

Simplemente por la admiración que me genera, y porque prueba que un diálogo inteligente es posible, les refiero un ejemplos admirable. Hablo de la relación de Chesterton y Shaw. Dos pensadores del Siglo XX que se hicieron famosos, entre otras cosas, por la fogosidad con la que debatían uno contra otro.   El primero era católico, valoraba la economía de mercado y era amante de la buena comida, la  cerveza y los habanos. Bernard Shaw por su parte, era ateo, socialista, vegetariano y abstemio.  Más contarios imposible y sin embargo, los unió una relación muy cordial. Después del funeral de Chesterton, Shaw escribió un artículo alabando las virtudes del que consideraba un amigo. 

lunes, 5 de diciembre de 2016

Yo no le hago mal a nadie...

Cada decisión libre tiene consecuencias externas de las cuales el sujeto es responsable. Esto es casi universalmente conocido y aceptado. Lo que se conoce menos es que también la propia persona que decide se hace mejor o peor en la medida que sus decisiones sean o no acertadas.

Resultado de imagen para FreedomEn este sentido, cabe decir que es importante decidir bien porque aunque las consecuencias externas sean leves y pasajeras  o serias y duraderas, ante una decisión moralmente mala el peor daño se lo hace la propia persona. Como ser humano, se hace peor porque su capacidad de conocer y hacer el bien se debilita.

Usar bien la libertad no es solo una responsabilidad hacia los demás sino también hacia uno mismo. Esto puede ayudar a conseguir un respuesta a la pregunta ¿porqué esto está mal sino si no le hago mal a nadie? 


Porque te haces daño a ti mismo.
"Lo único que hace falta para que el mal triunfe, es que los hombres buenos no hagan nada"
Edmund Burke